Gracias por su visita

Estos tickets han sido encontrados en las papeleras próximas a la salida de los museos, junto a la tienda de regalos. Son el testimonio breve, arrugado y desglosado de lo que ha sucedido minutos antes de puertas para adentro.

No, no es verdad. ¿Cómo iba a serlo? ¿Quién pagaría 109 euros por un “colgante punk” del MACBA? ¿Unas gafas de sol “Basquiat” por 108 euros? ¿O 190 euros por una tabla de skate con la obra Double Luck que “se entrega en una bolsa de algodón con la firma de Robert Rauschenberg impresa”? Pues sí, eso sí es verdad. Todos los artículos reflejados en los tickets son reales, así como su precio, y corresponden a las tiendas oficiales de dichos museos.

Son el producto de la explosión museográfica que se ha venido produciendo en nuestro país en las últimas décadas con fines no sólo sociales o culturales, sino también políticos y económicos. El afán por atraer turismo, por configurar una marca urbana y por aumentar el capital simbólico de ciudades o barrios deprimidos constituye el principal aliciente por el que los distintos gobiernos españoles han fundado numerosas industrias culturales a lo largo de nuestra geografía. Esta práctica, conocida como “efecto Guggenheim” por el  famoso proceso de reconversión llevado a cabo en el Bilbao de los noventa cuyo epicentro fue el Museo Guggenheim, alude a la idea de cultura como herramienta política y económica. Dicha idea se fundamenta en que el éxito final de este tipo de proyectos no revierte tanto en el propio museo sino que lo hace en la ciudad que lo cobija, contribuyendo al proceso denominado como gentrificación y a la banalización de la cultura como mero producto de consumo. Por tanto, cuando la cultura pasa a un segundo plano –o tercero, o cuarto– puede llegar a convertirse en una simple excusa; en la nueva gallina de los huevos de oro.

El Guggenheim potenció el paso del sector productivo a la era de los servicios, donde el ocio y la cultura se transforman en un negocio. El museo se construye para regenerar el tejido urbano y económico, y su mayor legitimidad reside en el beneficio derivado de la atracción de turistas. El espectáculo reside en su condición ornamental, en su ilusión, en su producción de consenso y de una visión del mundo asociado al lujo, en su capacidad por regenerar  el tejido urbano, mejorar el ánimo ciudadano o constituir espacios de aclamación política por su imagen, convertida en logotipo. Por lo que la función de museo como tal no es de gran relevancia.

Iñaki Esteban
El efecto Guggenheim


These tickets have been found in several bins situated close to some Spanish contemporary art museums. More accurately, nearby their gift shops. They are the evidence of what has happened a few minutes ago.

But, are they real? Who would pay 109 euros for a “punk necklace” at the MACBA (Museum of Contemporary Art of Barcelona)? Or 108 euros for the so-called “Basquiat sunglasses”? Who would spend almost 200 euros in a cool design skateboard with Robert Rauschenberg’s signature printed on its surface? No, these tickets are fictitious. However, all the products and prices appearing on them are completely real and they are available at the official shops of some Spanish museums such as the MACBA, the Thyssen-Málaga or the Guggenheim Museum in Bilbao.

They are the result of the museographic explosion that took place in Spain during the last decades, not only for social and cultural purposes but also for political and economic interests. The Spanish autonomic governments’ zeal to attract capital and tourism by developing cultural industries is the main reason why our country has been filled up with numerous centres exclusively dedicated to contemporary art –it should be remembered that the Spanish Educational System lacks a proper art education programme, especially in regards to contemporary art–. This practice, known as the “Guggenheim effect” because of the restructuring process achieved in the northern city of Bilbao during the nineties around the construction of the Guggenheim Museum, refers to the idea of culture as a political and economic tool. This idea is based on the final success of this kind of projects, which doesn’t revert in the museum itself but in the city’s economic and social status. All this has contributed to the process called gentrification on the one hand –these museums have been erected in deprived neighbourhoods– and the trivialisation of culture as a simple consumer good.

 

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Tienda/Shop

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